| Los cuentos de Fontanarrosa son historias para reír. Pero a veces, como un relámpago, y quizá sin que él se percate, relampaguean una mueca de poeta o una sentencia de pensador. En algunos cuentos se muestra como parodista inclemente. En otros se alimenta de las referencias de la cultura popular de nuestro tiempo, extendida en el cine, las canciones, los cómics, el turismo de masas. «Alguien que ha leído los relatos humorísticos de Garrison Keillor y Woody Allen asegura que si Fontanarrosa hubiera nacido en Minnesota, como Keillor, o en Nueva York, como Allen, sería tan conocido y reconocido como ellos. Yo que he leído a los tres creo que es verdad. Pero también pienso que si Garrison Keillor o Woody Allen hubieran nacido en Rosario, serían exactamente como el Negro: hablarían de fútbol con los amigos en largas tertulias de café, comentarían filosóficamente el culo de la chica que pasa, comerían bife de chorizo a mediodía, jugarían fútbol los sábados a pesar de sus 56 años, cambiarían de cadera cada medio siglo (quizás a consecuencia de los partidos sabatinos) y se negarían a sacrificar ese paraíso doméstico por la gloria esclavizante del éxito literario allende el mar.» (Daniel Samper)
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