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Bueno, sos un escritor. Jodete
Fue Tola Invernizzi quien le dio a Mario Levrero las buenas noticias de que su obcecación escritora había dado resultado. La frase, en realidad, valía para ambos, pero la forma de entender el remate de la frase tuvo para los dos un único significado: ya que no puedes evitarlo, tómalo con resignado humor.
Para Levrero, la frase del Tola era la solución y él mismo se encargó de alentar a muchos a ser lo que no podían dejar de ser, a asumir que eran escritores y, lo que es más importante, que los escritores no sólo escriben, sino que publican.
Puede pensarse que Levrero era una figura tutelar o tal vez un maestro, pero esto es terriblemente inexacto. Más bien estaba convencido de que podía acompañar, alentar y, de paso, compartir esa felicidad de la escritura ajena, ante la sospecha de que gran parte de la buena literatura que se escribe en Uruguay permanece escondida e inédita."Esto es cierto, en parte porque los autores no llegan a asumirse como escritores y prefieren asegurarse una entrada económica más o menos segura por otros medios, y ahí van perdiendo fuerzas para seguir escribiendo", decía en una entrevista motivada por la publicación de la colección de narrativa De los Flexes Terpines, de la que fue director. "Digo a menudo que escribir es fácil; lo difícil es ser escritor, aguantar las penurias de semejante vida. Yo me resistí todo lo que pude y recién me reconocí plenamente como escritor cuando ya no lo era. Sólo una vocación muy fuerte puede conseguir que uno siga y siga, y renuncie a tantas cosas. Pero no veo que pueda ser de otra manera."
Levrero pensaba que nuestro medio le impone al artista "terribles y patéticas" limitaciones a las formas de vida e incluso a las formas de arte, pero que, sin embargo, el anonimato subsecuente le permitía una libertad inusitada mientras que la imposibilidad de metas comerciales importantes alentaba la profundidad de la obra.
Para darse cuenta de cuán lejos estaba Levrero de ejercer una especie de magisterio, basta leer los autores agrupados en dicha colección, en los cuales no hay rastros de estilo, temas o tratamiento de la materia narrativa que permita establecer una continuidad, influencia o similitudes que los relacionen claramente entre sí y con Levrero sino más bien un estilo marcadamente personal en cada uno de ellos.
Levrero escuchaba esa voz personal detrás de los textos, empujaba al escritor en la misma dirección en que naturalmente iba, impulsaba a quienes consideraba "auténticos escritores, de alma; que no escriben "para" sino que escriben "por": por necesidad de escribir, que es la única fuente de la que surge auténtica literatura". No era infalible y muchas veces su entusiasmo superó en mucho su olfato literario, pero fue genuino su convencimiento al alentar la entrada al desventurado oficio, con un libro publicado bajo el brazo y la implacable sentencia del Tola.
La literatura de Levrero va a seguir siendo leída, recordada y estudiada, no solamente en Uruguay. Sin embargo, no sería justo olvidar que la humildad y la generosidad que encontraron en él las nuevas generaciones -no solamente de escritores- es parte fundamental de su obra.
María José Santacreu
Brecha, 3 setiembre de 2004
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