|
El cazador de sueños
Jorge Mario Varlotta Levrero (1940-2004)
El cazador de sueños
Algunos escritores logran un alto grado de popularidad con obras de elevadas ventas y una continua aparición en los medios de prensa. Otros van construyendo su camino de manera solitaria y a veces, sólo a veces, terminan por convertirse en personajes de culto, autores cuyos libros hacen circular unos cuantos iniciados; textos que se comentan como descubrimientos de algo que otros ignoraban. Mario Levrero, el escritor uruguayo nacido en 1940 bajo el nombre de Jorge Varlotta, fue uno de esos autores extraños, alejado del ruido y que, gracias a una prolongada y sólida carrera, logró erigirse en una referencia para muchos.
Levrero, autor de "La Ciudad" (1970), una obra que bien podría ser considerada ya un clásico de las letras uruguayas y de la literatura fantástica en general, falleció el lunes 30 debido a complicaciones cardíacas.
En su larga carrera fue guionista de historieta (cuyos textos firmaba con su nombre verdadero) y autor de una vasta colección de libros como " La máquina de pensar en Gladis", "París", "El lugar", "Aguas salobres", "El discurso vacío"o "El alma de Gardel", entre muchos otros. Varias de sus obras formaron parte de colecciones internacionales de literatura fantástica y fueron traducidas al francés, el sueco y el alemán.
Levrero formó parte de un tipo de escritor uruguayo "raro", un hombre que rehuía de las entrevistas y que prefería mantener contacto con lectores y personas en general a través de la computadora, medio que utilizaba también para dictar talleres literarios que ayudaban a autores nuevos que lo buscaban como guía.
"La literatura es una de las formas posibles de comunicar a otros seres una experiencia personal que cae fuera de las formas habituales de percepción", dijo Levrero en una entrevista imaginaria que él mismo realizó y divulgó en Internet.
Y esa descripción acerca de experiencias que están por fuera delas formas habituales de percepción, bien podría servir para intentar definir su escritura. Levrero construyó memorables pesadillas, historias que parecían comenzar en un punto reconocible de la realidad y se iban internando de a poco en territorio onírico, inquietante, en el que cualquier cosa podía suceder.
La angustia de esos personajes que de pronto de veían enfrentados a una disyuntiva ante un tablero de interruptores de luz o descubrían estar viajando en un taxi con un chofer muerto, se transmitía con fuerza al lector. Le generaba incomodidad pero también la necesidad de continuar leyendo, de seguir sumergiéndose en ese mundo fantástico y ominoso que tanto se parecía a la realidad de los sueños.
"Creo que en las experiencias más triviales y cotidianas hay material artístico; la condición es que en ellas esté presente el espíritu del artista. Por ejemplo, yo puedo estar parado en una esquina mirando el semáforo, a la espera de que cambié la luz para cruzar la calle. De hecho, estoy en esa situación varias veces al día. Y allí puede haber una experiencia espiritual; depende de que pasa conmigo mientras estoy parado en esa esquina. O podría decírtelo de una manera completamente inversa... lo que se percibe en una obra de arte es el alma del artista, toda ella en su conjunto, por un fenómeno de comunicación alma-alma entre el autor de la obra y quien la recibe. La obra de arte sería un mecanismo hipnótico, que libera momentáneamente el alma de quien la percibe y le permite captar el alma del autor. No importa cual sea el asunto de la obra", escribió Levrero.
Esa búsqueda de lo artístico en lo cotidiano podía conducirlo a escribir un brevísimo relato en el que recogía una conversación entre dos viejos vendedores de panchos o también llevarlo a sesudos divagues mentales que rozaban lo absurdo.
En un país en el que siempre vendió más y obtuvo más apoyo la literatura "realista", Levrero introducía platos voladores, seres con alas de murciélagos, gente que intentaba cambiar su personalidad mejorando su caligrafía, renacuajos que querían conquistar el mundo y mujeres por lo general muy particulares.
Las mujeres en los libros de este autor podían ser ferozmente atractivas o insoportables, o una mezcla de ambas cosas. Podían ser terriblemente sugestivas y estar dotadas de un aura de misterio, de ciertos grados de infidelidad o de locura, de manera tal que en muchos de sus textos todo parecía girar en torno a esos personajes de turno.
Lo curioso de Levrero era que muchos de sus seguidores eran lectores realmente muy jóvenes que encontraban en algunos de sus libros una puerta grande hacia la imaginación.
"El tema, o más bien el asunto, suele elegirme a mí. En determinado momento, sin que esté pensando necesariamente en términos de literatura, percibo que hay algo que me está molestando: una imagen, una serie de palabras, o simplemente un clima, una atmósfera, un ambiente. El ejemplo más claro sería el de la imagen o clima de un sueño, al despertar por la mañana; a veces uno se queda un buen rato como enredado en ese fragmento de ensueño, y a veces eso se disipa después de un rato, y a veces no. Puede volver, espontáneamente, o evocado por algo, en otros momentos del día. Cuando esto se mantiene durante varios días, es para mí una señal de que allí hay algo que es imprescindible atender, y el modo de atenderlo es recrearlo", sostuvo el autor en su autoentrevista.
Quizá, como ocurre habitualmente cuando alguien muere, sus libros de pronto tendrán una mayor difusión por algún tiempo. Pero para esos que lo han leído desde siempre y lo consideraban una especie de maestro algo loco, sus obras seguirán siendo una apertura hacia otras realidades, tan necesarias como la verdadera.
"Soy muy haragán, me pongo a escribir cuando me resulta imperioso, ineludible...Vivo de stress en stress. Mi ideal de vida es el reposo absoluto. Para que me ponga a hacer algo hace falta un estímulo, y en el caso de la literatura es necesario un estímulo a dos puntas: la necesidad de sacar algo a la luz, y la necesidad de comunicarlo a alguien", escribió Levrero.
Ahora, finalmente encontró reposo.
Roy Berocay
Búsqueda, 2 de setiembre de 2004
|
|